lunes, 3 de enero de 2011

Electrónica termoiónica espacial

01/01/2011
Supongo que alguien más habrá reparado en que el vacío del espacio exterior permitiría hacer válvulas electrónicas abiertas, sin apenas material estructural debido a que no hace falta proteger el vacío. De momento no lo he visto escrito, pero seguro que si busco un poco en internet encontraré quien hable del tema. Mientras tanto, me hago a la idea de las ventajas de estos dispositivos y de las formas que podrían tener.

Supongamos un pentodo destinado a emitir con potencia de gigavatios para comunicarnos con una estrella próxima.

El cátodo puede calentarse exponiéndolo al sol, en el foco de un espejo parabólico.
El ánodo y las rejillas estarían a la sombra para enfriarse por radiación.

La fuente de energía sería una serie de células fotovoltáicas de vacío gigantescas, hechas de láminas muy finas.

Para almacenar la energía fotovoltaica se usarían condensadores de vacío gigantescos. La tensión de trabajo podría ser de millones de voltios, para acumular mucha energía con poco material.

Toda la emisora podría tener un tamaño de kilómetros. La antena podría ser un haz de electrones de cientos de kilómetros, proyectado por un cañon de electrones termoiónico, como los de las televisiones del siglo pasado.

La frecuencia de la emisora sería ultrabaja, como la de los latidos humanos en calma. Con una frecuencia tan baja no hay posibilidad de que se confunda con frecuencias naturales conocidas que se puedan transmitir a varios años luz. Además sortearían cualquier obstáculo porque su longitud de onda sería tan grande como la distancia entre la Tierra y la Luna.

La modulación sería por pulsos que durarían de uno a varios minutos.

Quizá nos lleguen señales con frecuencias así de bajas o más pero no las detectamos simplemente porque no hemos pensado en ellas.

Para poder detectarlas necesitamos un conductor muy largo que sirva de antena, circuitos resonantes a esas frecuencias y la paciencia de un ordenador para escuchar y buscar un sentido a lo que detectemos.
Lo único difícil es el conductor largo. Se me ocurren varios candidatos: Los cables transoceánicos, la ionosfera y el océano.
Los cables transoceánicos serían los más controlables, pero son cortos y están apantallados por el océano, que también es conductor.
El océano podría ser una buena antena, usando los cables submarinos para cerrar un circuito detector, quizá detectemos ondas de muy baja frecuencia, seguramente muchas serán de origen sísmico.
La ionosfera es la más difícil de utilizar de las tres, pero es la que recibiría casi toda la señal. Supongo que se podrían medir las diferencias de tensión de la atmósfera en puntos opuestos del globo para detectar posibles ondas de origen externo.
Es posible que las oscilaciones de la aurora boreal nos hagan visible algún mensaje. Creo que merece la pena intentar buscar modulaciones de la aurora que obedezcan a un ritmo no natural.

Si contruyéramos antenas "virtuales" gigantes en el espacio, con haces de electrones, quizá detectásemos emisiones de otras civilizaciones en frecuencias ultrabajas, capaces de transmitirse sin pérdida de información a distancias astronómicas.