lunes, 7 de agosto de 2017

Desviar un asteroide peligroso usando sus propios recursos

Si hoy día un gran pedrusco espacial, tan grande que fuera capaz de destruir una gran ciudad, se comprobase que va a chocar contra la Tierra, no tendríamos medios de evitarlo. El principal motivo de nuestra impotencia es que necesitaríamos enviar una nave, con toda la masa que requieren los medios para destruirlo o desviarlo, y con mucho tiempo de antelación para que el desvío de ese objeto o sus pedazos sea suficiente para esquivar la Tierra.

De momento, la humanidad sólo es capaz de lanzar al espacio desde la Tierra, salvando su enorme gravedad mediante enormes cohetes químicos, cuya masa es decenas de veces mayor que la nave. Si además se quiere acelerar la nave para interceptar un asteroide meses antes de su colisión, la masa propulsora se multiplica respecto a la de la nave. Esto tiene como consecuencia que, como no se han desarrollado cohetes más grandes que los que llevaron el hombre a la Luna, la masa de nave interceptora más su carga debe ser minúscula, como mucho de unos cientos de kilogramos.
Con una masa tan pequeña no es posible transportar una bomba nuclear lo bastante potente, ni serían viables otras soluciones ya publicadas como el acoplamiento gravitatorio, o como pintar todo el asteroide para cambiar su albedo de manera que el cambio en el empuje de la radiación solar lo desvíe.

Quizá si utilizásemos los recursos del asteroide (o cometa) mediante máquinas pequeñas, podríamos ahorrar masa de la nave, y así ganar velocidad y llegar a tiempo.
Mi propuesta consiste en poner a orbitar polvo del asteroide, de manera que ese polvo ofrezca a la radiación y al viento solar una superficie mucho mayor, quizá decenas de veces mayor, que la del asteroide. El empuje de esas radiaciones es pequeño, pero constante, así que si durase unos meses quizá fuera suficiente para esquivar la Tierra.

La gravedad de un asteroide es tan pequeña, que sería suficiente acelerar el polvo a menos de diez centímetros por segundo para ponerlo en órbita. Cualquier taladro de uso doméstico es capaz de hacer eso con el polvo que levanta al horadar el cemento de una pared. Se podría enviar un equipo compuesto por un taladro y unos paneles solares que lo alimenten. Quizá lo más difícil sería anclar el equipo. Para ello se podrían usar varios sistemas de anclaje (lazos, anclas, clavijas, etc.), previendo los distintos tipos de superficie posibles.

Un taladro de unos cientos de vatios, mediante una broca o un esmeril, incluso en roca dura, puede levantar mucho polvo por minuto. Una parte de ese polvo quedaría en órbita, con mucha separación entre las partículas, de manera que la superficie expuesta sería considerable. Las partículas más finas quizá serían arrancadas de la órbita por el empuje de la radiación solar. Aún así, al cabo de meses taladrando, podrían quedar suficientes partículas de masa intermedia orbitando como para lograr, mediante el acoplamiento gravitatorio, que aplicasen al asteroide el empuje de la radiación solar recibida por estas, comportándose el conjunto como una vela solar enorme.

Quizá la masa de todo el equipo que se anclara al satélite no superase los cien kilogramos. Una masa tan pequeña podría alcanzar una velocidad enorme usando cualquiera de los mayores cohetes actuales. Quizá esa velocidad le permitiera llegar a tiempo.

No tengo capacidad para calcular si esta idea es viable. La publico en este blog por si, por casualidad, estuviera acertada o pudiera contribuir a resolver el problema, para que se use libremente la idea. Si no, perdón por la tabarra a quien haya tenido la paciencia de leerme.

jueves, 6 de julio de 2017

L'important c'est l'interface

La sutil interfaz es lo que importa entre dos medios distintos, como es la rosa, esa belleza efímera, en la canción de Gilbert Bécaud "L'important c'est la rose".

La interfaz, la superficie de contacto entre dos cuerpos o ambientes, es donde se producen casi todos los fenómenos físicos y químicos, por ejemplo en la combustión, explicada magistralmente por Michael Faraday en "La historia química de una vela".

Reflexionar sobre este hecho a la hora de buscar la explicación de los fenómenos naturales puede ser muy útil para descartar hipótesis quiméricas, grandilocuentes pero ocultas, y para centrarse en las situaciones donde hay diferencias, que muchas veces están a la vista y son pasajeras. Por ejemplo, en la búsqueda de las causas de los fenómenos geológicos se recurre con frecuencia a las profundidades de la Tierra y a hipotéticas convecciones en el manto, mientras que se desprecian las causas externas y fugaces como la meterología, a pesar de sus consecuencias a largo plazo como la erosión, el transporte y la sedimentación. También se valora poco el calentamiento interno con causas externas, como la deformación que provocan las mareas en las rocas, o el enterramiento, por la sedimentación, de minerales muy reactivos producidos en el exterior, que reaccionan luego gracias a la presión del interior.



"Toi pour qui, donnant donnant,
J’ai chanté ces quelques lignes,
Comme pour te faire un signe
En passant
Dis à ton tour maintenant
Que la vie n’a d’importance
Que pour une fleur qui danse
Sur le temps…

L’important,
c’est la rose,
l’important,
c’est la rose,
l’important,
c’est la rose,
crois-moi…
"